
Si las encuestas aciertan esta vez, la de este año puede ser la última cumbre de la ONU de Pedro Sánchez como presidente. Lo único seguro es que es su último viaje a Nueva York antes de las elecciones. Y el presidente y su equipo parecen haber tomado en serio ese momento especial a la hora de elaborar un discurso ante la asamblea de la ONU diferente, mucho más político de lo habitual, mucho más épico, casi como una especie de legado o de arranque de campaña electoral. En él, después de ocho años en La Moncloa, Sánchez ha hecho un constante llamamiento a los progresistas a combatir las ideas de la ultraderecha que él ha visto avanzar en todo el mundo, también en España, mientras estaba en el poder. El líder del PSOE, que en el mundo del progresismo internacional es un referente, ha hecho una llamada al optimismo, a la posibilidad de vencer a esa ola de derecha que arrasa en América y Europa, y sobre todo a defender otra manera de ver el mundo y de gestionar los problemas, incluida la crisis de Ceuta, que ha citado expresamente.
