
Mohamed Attaoui sigue corriendo hacia ser el que fue hace nada, uno de los mejores mediofondistas del mundo, un atleta nacido para reventar carreras de 800m con un cambio atómico y una velocidad sostenida elevada, y, aun estando lejos todavía de su ser verdadero en su camino laberíntico hacia la plenitud, tal es su calidad que en una carrera complicadísima arañó una medalla de bronce (1m 45,71s) europea en un Alexander Stadium que, el día de más calor del año en Birmingham, 36 grados, una caldera de aire africano cayendo del cielo, por fin sonó a atletismo y pasión, e inflamó a todos.
