De la misma manera que fluye el Guadalquivir, Viva Belgrado quieren que fluyan la vida y en definitiva la luz en un trabajo más optimista y bien avenido que en otras ocasiones. Quedan atrás canciones tan viscerales como ‘Saturno devorando a su hijo’.
Por supuesto que queda rabia. La banda de post-hardcore tiene mucho por lo que protestar. ‘El deber de ofender’ es una canción sobre la vivienda, obviamente escrita antes de las acampadas, pero con el mismo sentir, que se pregunta «cuántos más rentistas» pueden caber, parodiando a las personas que se jactan de tener varias casas.
También hay mucho de política en el single ‘Un andalucito más’: cuando hablan de «varear» en la primera canción del álbum están hablando del batería Álvaro Mérida, que trabaja con la aceituna. Y cuando el disco termina con ‘Súper futuro’ lo hace echando de menos a «Anguita», el añorado líder de IU que fuera alcalde de Córdoba.
Andalucía juega un papel importante en ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’. El grupo liderado por Cándido Gálvez ha ido dejando permear influencias nacionales en su música, mirándose en bandas que empezaron siendo muy «anglo», como Los Planetas o Standstill, y solo después pensaron en enriquecer su sonido en casa. Aquí se nota especialmente en la inspiración flamenca de ‘Menquitofla’. Sin dejar de lado su poso de rock urbano, elaboran todo un canto a la amistad junto al multiinstrumentista y productor Alain Johannes (Eleven, Queens of the Stone Age).
Es solo un coqueteo momentáneo en un álbum muy diverso, que salta de un género a otro, sobre todo a partir de la 5ª canción. Las cuatro primeras nos dan exactamente lo que esperamos de un disco de post-hardcore, hasta el punto de que ‘Y fluye’ y ‘Demasiado pasado’ parecen la misma pista durante las primeras escuchas.
Las cosas «fluyen» algo peor en la segunda mitad del álbum, pero no porque las canciones sean peores. Al contrario: por separado funcionan incluso mejor. Es solo que aparecen peor hilvanadas, como si pertenecieran a proyectos diferentes. De hecho y como ya sucedía en su disco anterior, la electrónica vuelve a inspirar uno de sus mejores números, ‘Amor a 136 bpm’, una de esas canciones que te reconcilian con el mundo, lo mismo que la indie ‘Amor en Em».
El ansia de huir del pasado es el mejor elemento conector, y si en ‘Demasiado pasado’ la frase más «screamo» había sido «Siempre hay demasiado pasado en mi boca», más o menos la misma idea vuelve en la acústica y muy bonita ‘Memorabilia’ («el pasado es pesado, demasiado»). Ajeno a casarse con nadie, ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’ escoge despedirse con el indie pop prístino, casi jangle, de ‘Súper futuro’, otra de sus grandes canciones. Casi cualquier estilo puede valer para que Cándido Gálvez se desfogue, y con él, el ejército de fieles que continúan siguiendo a esta gran banda en su total independencia.
